Cuando alguien se plantea empezar terapia, suele mirar muchas cosas: la formación del psicólogo, dónde está la consulta, si trabaja online, cuánto dura una sesión o qué orientación utiliza. Todo eso importa. Pero creo que hay una pregunta todavía más útil: ¿cómo vamos a trabajar cuando nos sentemos delante el uno del otro?
Soy Álvaro Chíes, Psicólogo General Sanitario y responsable de Psístole Psicología, en Oviedo. Mi forma de trabajar es integradora, con una influencia clara de la Terapia Breve Centrada en Soluciones y de la Terapia Estratégica. En la práctica, esto significa que me interesa comprender bien el problema, pero no quedarnos únicamente describiéndolo.
Quiero saber qué está pasando, cómo ha llegado hasta aquí y qué lugar ocupa en tu vida. Pero también qué has intentado hacer para resolverlo, qué está funcionando aunque sea un poco, qué parece empeorarlo y qué tendría que empezar a ser diferente para que pudieras decir: «esto me está ayudando».
Comprender es importante. Pero la terapia también necesita ayudarnos a mover algo en la vida cotidiana.
La terapia necesita una dirección
Hay personas que llegan a consulta sabiendo perfectamente lo que quieren cambiar. Otras solo saben que no quieren seguir igual. Ambas cosas son válidas.
Al principio dedicamos tiempo a ordenar lo que está ocurriendo y a convertir un malestar general en objetivos que podamos reconocer en la vida cotidiana.
«Quiero tener menos ansiedad» puede ser un buen punto de partida, pero necesito que vayamos un poco más allá: ¿qué harías si la ansiedad ocupara menos espacio? ¿Volverías a conducir? ¿Dormirías sin anticipar el día siguiente? ¿Quedarías con gente sin estar pendiente de tu cuerpo? ¿Tomarías una decisión sin darle veinte vueltas?
Cuando el objetivo empieza a tener forma, la terapia también la tiene. Y podemos ir comprobando juntos si nos estamos acercando.
No todo se explica mirando al pasado
La historia de una persona importa. Las relaciones importantes, las experiencias que han dejado huella, las pérdidas y la manera en la que hemos aprendido a protegernos o a relacionarnos con los demás pueden ayudarnos a entender muchas cosas.
Pero entender de dónde viene algo no siempre hace que deje de ocurrir hoy. Por eso también presto mucha atención a lo que está pasando ahora: qué activa el problema, cómo respondes cuando aparece y qué consecuencias tiene esa respuesta.
A veces descubrimos que una estrategia que nació para protegernos ha terminado encerrándonos un poco más. Evitar puede aliviar el miedo durante unas horas y hacer que mañana dé todavía más miedo. Comprobar puede reducir una duda y, a la vez, enseñarnos que necesitamos comprobar cada vez que dudamos. Darle vueltas a una decisión puede parecer una forma de acercarnos a la respuesta y terminar alejándonos de ella.
No se trata de decir que la persona lo está haciendo mal. Casi siempre hacemos lo que tiene sentido con las herramientas que tenemos. La pregunta es si esa herramienta sigue ayudando o si ha llegado el momento de probar otra cosa.
También me interesa lo que ya funciona
Cuando estamos pasando una mala época, nuestra atención se vuelve muy buena encontrando problemas. Es bastante peor detectando las pequeñas excepciones.
Por eso, si alguien me dice que lleva semanas con ansiedad, quiero saber cómo es esa ansiedad, pero también quiero saber cuándo aparece menos. Si una persona se siente insegura casi siempre, me interesa ese «casi». Si una discusión termina siempre igual salvo una vez, esa vez merece que la miremos con atención.
Las excepciones no niegan el problema. Nos dan pistas sobre los recursos que ya existen y sobre qué podemos empezar a repetir.
Esta mirada es una parte importante de la Terapia Breve Centrada en Soluciones: no construir todo desde cero, sino descubrir también qué está haciendo ya la persona que puede acercarla a donde quiere estar.
Hablar es importante; probar cosas diferentes también
No entiendo la terapia como un lugar al que venir una hora a contar lo ocurrido y volver a casa exactamente con lo mismo hasta la siguiente semana.
Hay sesiones en las que necesitamos parar, comprender, ordenar o simplemente tener un lugar en el que poder decir cosas que fuera resultan difíciles. Y hay otras en las que necesitamos movernos: ensayar una conversación, observar un patrón, exponernos poco a poco a algo que evitamos, cambiar una pequeña respuesta, hacer un registro o probar un experimento durante la semana.
No son deberes ni exámenes. Si algo no funciona, no significa que hayas hecho mal la terapia. Significa que tenemos información nueva. Revisamos lo que ocurrió y ajustamos el siguiente paso.
La mayor parte de la vida sucede entre una sesión y la siguiente. Por eso me interesa especialmente que lo trabajado en consulta pueda salir de la consulta.
La mayor parte de la vida sucede entre una sesión y la siguiente. Ahí es donde el cambio tiene que empezar a notarse.
Pequeños cambios, pero cambios que se noten
El término «terapia breve» puede llevar a pensar que el objetivo es hacerlo todo deprisa. No es así. Hay procesos que necesitan pocas sesiones y otros que requieren más tiempo.
Para mí, lo breve tiene más que ver con no perder la dirección: saber qué estamos intentando conseguir, revisar si lo que hacemos sirve y no mantener una intervención por inercia.
Muchas veces empezamos por cambios pequeños. Una conversación que llevas semanas posponiendo. Volver a un lugar que habías dejado de frecuentar. Reducir una comprobación. Aprender a dejar pasar un pensamiento sin discutir con él durante media hora. Pedir algo de una manera diferente. Recuperar una actividad que el problema había ido ocupando.
A veces un cambio pequeño mueve otras piezas. Y cuando eso ocurre, conviene detenernos también a reconocerlo.
Una forma de trabajar adaptada a la persona
Aunque la Terapia Breve Centrada en Soluciones y la Terapia Estratégica tienen un peso importante en mi manera de trabajar, no utilizo la misma intervención con todo el mundo.
Dos personas pueden llegar diciendo «tengo ansiedad» y necesitar cosas muy distintas. Importa el síntoma, pero también la persona que lo está viviendo, su contexto, su momento vital, sus relaciones, sus recursos y lo que quiere conseguir.
Por eso integro herramientas de otros enfoques cuando son útiles. No me interesa que la persona encaje en una técnica. Me interesa encontrar una forma de trabajo que tenga sentido para esa persona concreta.
Empezar terapia en Psístole Psicología
Trabajo en Psístole Psicología de forma presencial en Oviedo y también mediante terapia online. La primera sesión sirve para conocernos, comprender qué está ocurriendo y empezar a ordenar hacia dónde queremos dirigir el proceso.
No necesitas venir con una explicación perfecta de lo que te pasa. Ni con un objetivo redactado. A veces lo primero que hacemos precisamente es construirlo juntos.
Mi objetivo no es que aprendas a estar bien únicamente durante los minutos que estamos en consulta, sino que poco a poco algo empiece a ser diferente fuera de ella.
Si estás pensando en empezar, puedes reservar una cita o contactar con Psístole Psicología.

